Coherencia Cuántica

El pulso del corazón envía señales que influencian la percepción, la experiencia emocional y los procesos mentales de las personas. Así el ritmo cardíaco afecta la capacidad del cerebro para procesar información. La frecuencia de este ritmo se ve influenciada directamente por las emociones que experimentamos.

 

Las emociones asociadas al amor como el aprecio, la gratitud, el cariño, la alegría incrementan nuestra habilidad para tomar buenas decisiones y la efectividad del sistema inmune, ya que producen un ritmo del corazón coherente. En cambio, las derivadas del miedo, como la ira, la frustración, la ansiedad, hacen lo opuesto, fabricando un caos nervioso en el organismo por un ritmo errático. 

Al aprender a cambiar las señales de caóticas a coherentes, esto abre los centros de percepción del cerebro, y tenemos la capacidad de ver más profundamente las cosas; somos más conscientes de lo que sucede a nuestro alrededor, más sensibles y auténticos con los demás, y más conscientes de lo que sentimos y pensamos. 

Está comprobado científicamente que experimentar emociones asociadas al amor como compasión, aprecio y gratitud activan y mejoran el funcionamiento de la glándula timo, favoreciendo no sólo el sistema inmune sino toda la circulación energética del cuerpo. 

La coherencia es un estado en el que todos nuestros sistemas biológicos funcionan sincronizados a los ritmos del corazón, es decir que las partes fisiológicas funcionan en armonía. Entonces podemos tener más eficacia desde el punto de vista biológico, ya que la respiración, digestión, respuesta inmune y liberación hormonal comienzan a sincronizarse con el creador de ritmo principal. Psicológicamente este modelo está asociado a una notable reducción en el diálogo mental interno, reduce la percepción al stress, incrementa el equilibrio emocional, y mejora la claridad mental, la percepción intuitiva y el rendimiento cognoscitivo.

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Con la práctica se hace posible reconocer los pensamientos y sentimientos depresivos y transformarlos, ya que el corazón sabe discernir cuando estamos atrapados en un patrón mental de frustración y cuando en un patrón coherente.

Con sus cuarenta mil neuronas, es más la información que el corazón le envía al cerebro, que la que el cerebro le aporta al corazón. El corazón hace más que simplemente bombear sangre. Envía órdenes de sanación al cerebro y al resto del cuerpo, cambia la onda de la presión sanguínea y produce hormonas. El sistema nervioso dentro del corazón (o el cerebro del corazón), lo habilita para aprender, recordar, y para realizar decisiones funcionales independientemente de la corteza cerebral. Por otra parte, numerosos experimentos han demostrado que las señales que el corazón envía constantemente al cerebro influyen en las funciones de los centros más importantes de éste, los que involucran a los procesos de percepción, de conocimiento y a los emocionales. 

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El campo del corazón está directamente relacionado con la percepción intuitiva, a través de un acoplamiento con un campo energético de información que trasciende los límites del espacio y del tiempo. Tanto el corazón como el cerebro reciben y responden a información sobre un futuro evento antes de que este suceda.

Incluso más sorprendente fue el hallazgo de que el corazón parece recibir esta información “intuitiva” antes que el cerebro. 

El corazón espiritual o átomo primordial, es un punto de conexión directa con la fuente, que nos aporta soluciones creativas y originales. Para tomar contacto con la inteligencia intuitiva del corazón, es necesario que estemos en un estado de calma, que no es aletargamiento sino un estado interno de fluidez y claridad entre pensamientos, emociones y decisiones; es un estado de presencia y atención.

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Agustin Andrade

Autor y Comunicacor

www.agustinandrade.com

                                                                                 

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